Empezar por la misma senda, esa ley natural. Aunque tú, vuelvas a pensar en mi, mis pasos no estarán siguiendo esa ruta, pero no me dejes ahora, aún puedo mostrarte el callejón que une a estos dos caminos. Es un error, y además un grave error, pensar que hacer una hoguera de los corazones, tiene algo que ver con la oscuridad hacia este lado, o que existan noches más duras, lo oscuro es, no conocer dónde uno va poniendo los pies ni dónde los pondrá después. Y aún peor, confundir riesgo con altura, la otra vida no está conexa por ningún tipo de medida o posición geométrica de uno respecto de otro, sólo basta con que tú pienses en mí o yo piense en ti en la ausencia, para definir la conexión, pensar en medida es inevitable consecuencia de la duda que tenemos, sólo queda que confíes en mí. No hay otra aventura que se compare, inténtalo vuelve a pensar en mí, el inicio tiene la dulzura de una trompeta jazz, con el aroma de noches duras, puede ser muy largo. En realidad tomara más del tiempo necesario, preparando todo el maquillaje y el olor de los extraños, extraños por que la lluvia sobre los zapatos no es la misma, es distinta, la mitad de tu serenidad y la mitad de mi paciencia, envuelto en papel periódico, con apariencia de regalo pobre. Entonces, viene lo que no dura, o casi no dura, el regalo se desparrama para dejar en claro que no es el espacio ni el tiempo sino el recuerdo, este pequeño instante. Lo demás es puro llanto de ambas partes. Ya entenderás esto, de las hogueras de corazones, y el llanto debe calmarse al entender que solamente estás sola, te olvidaras de mí por un tiempo, lo que quiere decir que volverás a pensar en mí, y se dará una especie de ciclos en forma de espiral, hasta que en esta especie de espacio, entre tú y yo, sólo reine el olvido.
Y con la música puesta sobre el muslo, recorriendo esa curva en forma incompleta de herida, se ha desnudado la pena que simplemente ha hecho pedazos el olvido, no es que acabe en este instante la función, ha demorado demasiado tiempo el que me hayas abierto el ventanal, no te diste cuenta que vengo de un país que esta de olvido en la memoria de los demás, y pese que aún puede dar, y sin que lo sepan, mucho más. Lo básico se remite a toda esa canción que ronda la lástima, ese instante que es una especie de maldición, y más aún, si uno no entiende la vida como un camino hecha a propio paso, sabiendo que nos hace daño, que nos blanquea el licor de naranja y para que instantes después nos acaricie y decirnos tranquilamente -"Contame tu pena, habla sin pensar el pasado"-, después de ser el culpable de que estemos en el bajo fondo, una lágrima de vino o más bien quizás una canción de algún solitario, que ha derramado el vino en la lágrima, pero este viejo amor es que hace que el sol mande el alba ha aparecer, y qué todo en apariencia sea sólo una simple curda.
Me remito a pensar encima de mi nube, nada más tranquilo que pensar uno en su nube, malogrando el cerebro por pensar o pensando para malograr el cerebro, pero aún así es la nube de uno, ese uno que no es un conjunto de células sino las células en conjunto, en pos de un solo fin. Más la idea de pensar o de pensar una idea se remite a los hechos fantásticos de un género, ese género que se hila despacito imitando a nuestra nube, tratando de disipar esa inmensa pregunta de saber en qué momento y cómo uno se remite a pensar, esperando terminar el hilado del género que es proyección del fantástico hecho de poder entender que nuestros demonios nos escupen palabras y no así pensamientos, de ahí uno sufre para parir una idea.
La pesada alfombra de mis ojos que me tratan mal, no es que entre en shock, se pararon mis ojos, porque no quise llorar, y ¿acaso eso no se puede hacer?, quienes no llorarán en mi funeral hacen apologías. La pesadilla no es la vida, en realidad esta, es muy dulce, siempre te llama a seguir adelante aunque tengas razón, retumba como canción subliminal en medio del silencio, y te encuentra otra vez y no sabes que decir, ¿dios es dios? Solo era una broma, no se puede sentir absolutamente nada, abrirás lo que conoces, y no dirás nada, absolutamente nada, sólo, solamente descarga la jeringa y no intervengas mas, que siguen tocando la puerta, y nadie excepto tú la abres. Siempre miraste a través de ella, y no hay vida después de la muerte, lo raro es que existe la vida antes de la muerte, ¿casi una hora?, en realidad son marcadas las supersticiones, un medidor de cruces, amarres y escaleras que te llevan a un lugar que te autodestruye. En realidad no me des más rechazo el desmembramiento, acepto la mutilación directa, sin morir aún existe la vida, no hay camino a ninguna parte, solo existen los pasos a dar, no me recuerdes, sino crees no me recuerdes, ¡miénteme!.
Sobre mi sábana hay un telar de manchas, de entre los pliegues aún salen malos recuerdos, pero al fin sólo son recuerdos o entonces pasado, que se van en cuanto recuesto mi regazo en mi almohada, marcados quedan en forma del perfil de alguien, que muchas veces desearía no tener que ser yo, sino algún extraviado de entre algún sueño de hotel, que ha descargado su saco de penas para luego marchar, puedo afirmar con firme convicción que eso es: El amor de allá. Pero el amor de aquí recorre con suavidad mi espalda, retuerce la mueca de mi cama, que pese a mis sábanas, esas que están rastrilladas por muecas y dobleces, merecen permanecer en franca posición de experiencia, porque renovar sería como empezar de nuevo, esa eterna discusión de lo continuo y lo discontinuo, que se había resuelto con la categoría del amor de aquí, ese que es actual, y disciplinado, que en la almohada, deja marcados dos perfiles, que también son recuerdos, de esos que ahuyentan el allá y ponen flores al aquí.